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Política

Urgencias en el debate sobre el desarrollo económico y social en Bolivia

En medio de un panorama tenso entre la gobernabilidad y las demandas sociales, se hace necesario redefinir nuestras prioridades en el desarrollo del país.

Rodolfo Ávila · 18 Ago 2026 · 3 min de lectura

La actual situación en Bolivia requiere una evaluación clara de las urgencias que enfrentamos, especialmente en el contexto de la gobernabilidad y las demandas sociales insatisfechas. Es fundamental abordar la dirección económica del país, especialmente en lo que respecta a la capacidad productiva extractiva, que ha sido objeto de debate y cuestionamientos.

En este sentido, surge la propuesta de "Santa Cruz $.A.", la cual, a través de un enfoque irónico, busca desmitificar la productividad de Santa Cruz, una de las regiones que más contribuye al crecimiento económico del país. No podemos dejar pasar esta oportunidad, pues es esencial fomentar una narrativa que nos ayude a entender el panorama más amplio de América Latina y enfrentar las crisis globales con mayor claridad.

A medida que se discuten temas como el Pacto Fiscal y la distribución equitativa de recursos, algunos intentan desviar el enfoque del centralismo hacia la exclusión social producida por el desarrollo económico. Este cambio de eje plantea un reto significativo para quienes trabajamos en el campo, ya que, aunque críticos del modelo actual, es complicado aceptar propuestas que parecen ancladas en ideologías de décadas pasadas.

La discusión sobre la economía debe ir acompañada de un análisis demográfico y territorial. Por ejemplo, si hipotéticamente la población total de Bolivia, que es de 11.400.000 habitantes, se concentrara en Santa Cruz, el resultado sería una densidad de apenas 30 habitantes por kilómetro cuadrado. Esto pone de manifiesto la dispersión poblacional en el país y la necesidad de un enfoque más integral sobre el uso del territorio.

Asimismo, si combinamos la extensión de Santa Cruz y el Beni, y allí se distribuyera toda la población boliviana, la densidad sería aún más baja, de 19 habitantes por kilómetro cuadrado. Comparativamente, El Salvador tiene 300 habitantes por kilómetro cuadrado, lo que nos lleva a la pregunta crítica: ¿Qué pasará con un amplio territorio de un millón de kilómetros cuadrados que podría quedar deshabitado?

Finalmente, es urgente abordar el debilitamiento de los instrumentos democráticos en el país. Debemos retomar el debate acerca del papel de los partidos políticos y la capacidad de liderazgo que se necesita para enfrentar los desafíos actuales. La salud de nuestra democracia depende de la calidad de estos debates.

"Necesitamos apelar a nuestra mayor inteligencia para proponer soluciones"