Los errores del Gobierno invitan a un resurgimiento del populismo (II)
El escándalo que involucra a Beller y Cerimedo nos desvía de la cuestión más relevante: establecer un proceso que permita, a largo plazo, lograr cuatro avances esenciales.
Es fundamental no caer en errores. No hay soluciones rápidas para alcanzar estos objetivos, ya que son extremadamente complejos. Un presidente no puede lograr esto solo, ni siquiera con el mejor equipo de trabajo o con el respaldo de todos los líderes políticos que se oponen al regreso del populismo.
La magnitud de esta tarea exige la participación activa de todos los sectores de la sociedad. Dada la aparente debilidad del Gobierno, los ciudadanos debemos ser conscientes del problema y trabajar en su solución desde la base social. Una simple alianza de clases ya no es suficiente para enfrentar con éxito esta realidad.
Es imperativo formar una gran coalición que incluya a los sectores más influyentes de la sociedad, como empresarios, organizaciones sociales no corrompidas, medios de comunicación, universidades, iglesias, funcionarios públicos y partidos políticos democráticos, por débiles que sean, así como a cualquier otro grupo interesado en avanzar en un proyecto democrático.
El Gobierno del presidente Rodrigo Paz ha desperdiciado la valiosa oportunidad de liderar este proceso. Su gestión ha sido inexplicablemente lenta, ineficaz y está llena de indicios de actos ilícitos aún no esclarecidos. Si no modifica su conducta, será responsabilidad de la sociedad encontrar los actores que puedan articular esta gran alianza necesaria para proteger la democracia.
Rodrigo Paz ha mencionado en múltiples ocasiones que su principal tarea es limpiar la corrupción heredada del populismo. Sin embargo, no ha comprendido que este es un trabajo titánico. Limpiar los establos fue uno de los trabajos más difíciles de Hércules, que había estado descuidado durante 30 años. Para lograrlo, Hércules desvió el cauce de dos ríos.
Rodrigo ha perdido el apoyo de dos grandes corrientes que podrían haberle facilitado esta tarea: por un lado, aquellos que están cansados de dos décadas de populismo, y por otro, los populistas desilusionados con sus propias divisiones, que temen la elección de un candidato de derecha.
Existen diferentes enfoques para abordar esta monumental tarea. Sin embargo, el presidente ha optado por un enfoque cauteloso, evitando ofender a los remanentes del populismo, lo que ha dado la impresión de que no se atreve a implementar las medidas necesarias para limpiar la corrupción y avanzar hacia la transición.
La esperanza que se generó al inicio de su mandato se ha desvanecido antes de que se complete el primer año de su gestión. Las expectativas de que pueda solucionar los problemas están disminuyendo rápidamente. Además de formar la gran alianza social que se necesita, el presidente debe experimentar un cambio en su actitud personal. Si desea finalizar su mandato, necesita un cambio genuino y dejar de lado su actitud pasiva.