Montecristo-9: Nuevas expectativas para la producción de gas en Bolivia
YPFB lanza el proyecto Montecristo-9 en Okinawa Uno, generando dudas sobre la técnica de estimulación hidráulica que se empleará. ¿Fracking o algo diferente?
La estatal YPFB ha anunciado el inicio del pozo Montecristo-9, ubicado en Okinawa Uno, mencionando el uso de la técnica denominada "estimulación hidráulica" para extraer gas de formaciones de baja permeabilidad. Sin embargo, aún no se han detallado los procedimientos ni los materiales específicos que se utilizarán en este pozo piloto.
Este lanzamiento ha revivido el debate sobre la posibilidad de implementar la fracturación hidráulica en Bolivia. En el pasado, la postura del gobierno del MAS fue ambigua: mientras que inicialmente rechazó esta práctica, posteriormente permitió que se llevaran a cabo pruebas en áreas específicas. A pesar de la creciente necesidad de aumentar la producción de gas, no se ha tomado una decisión clara sobre su uso en el país.
YPFB presenta este proyecto como una oportunidad para explorar técnicas que permitan recuperar gas y condensado de formaciones que antes no eran rentables. La inversión estimada para Montecristo-9 es de 12 millones de dólares, aunque la exploración de un pozo completo podría costar hasta 50 millones. La gran interrogante sigue siendo si la "estimulación hidráulica" implica el uso de fracking.
¿Qué implica la estimulación hidráulica?
El término "estimulación hidráulica" abarca diversas técnicas que buscan mejorar la capacidad de las formaciones para liberar hidrocarburos. Una de estas técnicas puede ser la fracturación hidráulica, que consiste en inyectar fluidos a alta presión para crear o ampliar fracturas en la roca. No obstante, también existen otros métodos, como la estimulación con ácidos, que no requieren fracturar la roca.
La identificación de problemas de baja permeabilidad en las arenas DLM-1, DLM-2 y DLM-3 de la Formación Los Monos ha llevado a YPFB Chaco a considerar la estimulación como una necesidad para garantizar una producción rentable. En estos niveles se estiman recursos de aproximadamente 245 Bcf de gas y 18 millones de barriles de condensado, pero su baja permeabilidad podría complicar la extracción.
Los expertos coinciden en que, para determinar si Montecristo-9 se puede clasificar como fracking, se necesitan datos más específicos sobre la técnica que se utilizará. La falta de información precisa hace que sea difícil llegar a una conclusión definitiva sobre el impacto ambiental que podría tener el proyecto.
Finalmente, es crucial que la discusión sobre Montecristo-9 no se limite a un debate político ni a alarmismos ambientales. Lo que se requiere es transparencia sobre los métodos que se aplicarán, ya que esto afectará tanto la viabilidad del proyecto como sus posibles implicaciones para el medio ambiente.