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Sociedad

Crisis ambiental en Bolivia por minería ilegal

La presión de comunidades indígenas y ambientales logró detener temporalmente la minería ilegal, pero persisten graves problemas de contaminación en el país.

Mónica Arancibia · 16 Sep 2026 · 3 min de lectura

El avasallamiento de tierras por minería ilegal ha generado una fuerte respuesta de comunidades indígenas, campesinos y organizaciones ambientales en Bolivia. En respuesta a esta presión, la Autoridad Jurisdiccional Administrativa Minera (AJAM) ha intervenido para detener a varios mineros ilegales, que en su mayoría son ciudadanos de origen chino. Sin embargo, estas acciones han sido criticadas como una posible maniobra para desviar la atención de mayores escándalos que afectan al sector minero.

El director de AJAM planteó la necesidad de implementar medidas administrativas que permitan regularizar los derechos mineros en un tiempo de 30 minutos, con el objetivo de combatir la minería ilegal. Aunque propuso seguir el ejemplo de países como Canadá, la comparación es cuestionable, ya que las condiciones y normativas en Bolivia son diferentes, incluyendo la falta de fiscalización efectiva.

En un artículo publicado el 8 de junio de 2026, se mencionó el "Reglamento de adecuación de derechos mineros simplificado", que fue aprobado por el Ministerio de Minería como un intento de resolver conflictos con el sector minero. Sin embargo, este reglamento perpetúa la Ley 535, que favorece a las empresas mineras en el acceso a licencias de explotación, omitiendo la consulta y licencia ambiental necesarias para operar.

Impactos de la minería en comunidades indígenas

En 2026, la comunidad indígena Esse Ejja reportó la muerte de 12 miembros debido a la ingesta de pescado contaminado. Simultáneamente, en San Buenaventura, ocho personas murieron por la contaminación derivada de actividades mineras. Se observa un impacto significativo en el desarrollo neurológico de los pobladores indígenas de las cuencas de los ríos Beni y Madre de Dios, donde los niveles de mercurio superan los límites permitidos hasta en un 900%.

Las condiciones de trabajo en el cerro rico de Potosí siguen siendo precarias, resultando en un alto índice de letalidad por accidentes. En 2026, se registraron 110 muertes relacionadas con derrumbes y falta de ventilación. La minería de oro en Viacha también está contaminando las aguas del Lago Titicaca, lo que ha llevado a la resistencia de comunidades locales que se ven amenazadas por las actividades mineras.

A largo plazo, Bolivia enfrenta un daño ambiental irreversible debido a la combinación de minería, deforestación y agricultura intensiva. Se estima que alrededor del 80% de la producción de oro en el país es ilegal y se destina al contrabando, mientras que el gobierno no asume la responsabilidad de frenar ni revertir esta situación crítica. Las condiciones ambientales continúan deteriorándose sin una solución clara a la vista.