Saltar al contenido
Sucre Click
Economía

Bolivia enfrenta el diésel más caro de Sudamérica

El país ha dejado atrás sus años de precios bajos en diésel, posicionándose entre los más altos de la región tras la eliminación del subsidio.

Valeria Padilla · 22 Sep 2026 · 2 min de lectura

Bolivia ha cambiado su situación en el mercado del diésel, pasando de ser uno de los países con los precios más accesibles a tener ahora uno de los más elevados de Sudamérica. Desde que se anunció la eliminación de la subvención el 18 de septiembre, el litro de diésel se encuentra a Bs 17,95, aproximadamente $us 1,63, lo que coloca a Bolivia en el segundo lugar de la lista, solo superado por Perú, donde el precio ronda los $us 1,96 por litro.

Este ajuste significa un cambio drástico en la política de precios que ha perdurado en el país por casi 20 años. Desde 2006, el costo del diésel se mantenía en Bs 3,72 por litro, con el Gobierno absorbiendo la diferencia con respecto al precio internacional. En 2010, un intento de aumentar el precio a Bs 6,80 fue revertido tras una fuerte reacción social conocida como el “gasolinazo”.

La subvención al diésel fue un gasto significativo para el Estado, alcanzando en 2023 la suma de Bs 12.678 millones, de los cuales Bs 12.477 millones fueron destinados a diésel y gasolina, según cifras del Ministerio de Economía. Durante este tiempo, el Gobierno defendió esta política argumentando que ayudaba a mitigar el impacto de los precios internacionales en el transporte y en el costo de vida de la población.

Sin embargo, la crisis de abastecimiento y la escasez de divisas para la importación de combustibles empezaron a evidenciar debilidades en este sistema. En 2025, las largas filas para acceder al diésel continuaron, y sectores productivos enfrentaron dificultades en el suministro necesario para actividades como la siembra y la cosecha.

Con la eliminación del subsidio, la administración de Rodrigo Paz propone ahora un sistema de precio único, argumentando que esta medida es parte de un intento por reducir la presión fiscal y mejorar el abastecimiento. Este cambio significa el fin de una política que, aunque mantenía los precios bajos, se había convertido en una carga creciente para las finanzas públicas del país.