Abelardo de la Espriella enfrenta su primer reto de seguridad en Santa Marta
Santa Marta se transforma en el campo de batalla inicial de la política de seguridad del presidente colombiano, quien despliega más de 1.000 militares ante el aumento de la violencia.
Santa Marta, un atractivo turístico del Caribe colombiano, ha experimentado una escalada de violencia desde el 21 de septiembre, cuando el gobierno anunció la eliminación de alias "Cholo", un líder de las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada (ACSN). Esto provocó que la organización criminal decretara un paro armado que afecta a las comunidades locales, generando temor y restricciones a la movilidad en la región.
En respuesta a la situación, el presidente Abelardo de la Espriella decidió militarizar Santa Marta, desplegando más de 1.000 efectivos en un intento por recuperar el control. En sus redes sociales, ha compartido videos de su presencia en las calles, mostrando su compromiso con la seguridad de la ciudad.
La importancia de Santa Marta va más allá de su belleza natural; también es un punto clave para el narcotráfico en Colombia, lo que ha llevado a un aumento en la actividad de grupos criminales que extorsionan a los operadores turísticos y utilizan el puerto para el tráfico de drogas hacia Europa y Estados Unidos.
Desafíos de seguridad en la región
Gerson Arias, analista de la Fundación Ideas para la Paz, señala que las actividades ilícitas en la zona, como el cultivo de palma y banano, han sido descuidadas en términos de seguridad, lo que ha permitido que grupos como el Ejército Gaitanista de Colombia (Clan del Golfo) y las ACSN compitan por el control territorial.
A pesar de la militarización, las críticas hacia la estrategia de De la Espriella no se han hecho esperar. Gabriel Becerra, congresista del Pacto Histórico, ha calificado sus acciones como un "show mediático". Esta percepción se agudiza tras el escándalo que protagonizó recientemente al mostrarse entre cadáveres de presuntos insurgentes, lo que llevó a un juez a ordenar su retirada temporal.
El presidente se enfrenta a un reto significativo, buscando establecer su autoridad en un contexto donde la violencia ha aumentado un 28% en el último año en Santa Marta y sus alrededores. La estrategia de De la Espriella, en contraposición al enfoque de diálogo de su predecesor, podría tener resultados a corto plazo, pero su efectividad a largo plazo es aún incierta.