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Sociedad

América Latina avanza en la lucha contra el hambre, pero enfrenta retos de obesidad y altos precios

Ingrid Miranda · 29 Jul 2026 · 2 min de lectura

Un reciente informe de agencias de la ONU revela que, a pesar de los progresos en la reducción del hambre en América Latina y el Caribe, 32 millones de personas aún sufren de este problema en 2025. Aunque la cifra representa una disminución de más de un millón respecto al año anterior, la obesidad y los altos costos de una alimentación saludable se presentan como nuevos desafíos.

El informe indica que a nivel global, alrededor de 2.100 millones de personas padecen inseguridad alimentaria moderada o severa, de los cuales el 22,9 % se encuentra en la región. Esto es un avance respecto a 2020, cuando el porcentaje era del 33 %.

En América del Sur, la situación es más alentadora, ya que la prevalencia de la subalimentación ha disminuido al 5,1 %. Sin embargo, el Caribe enfrenta una realidad más preocupante, con un 16,6 % de su población afectada por la falta de alimentos.

Los países de la región han mostrado mejoras en sus estadísticas. Por ejemplo, en Bolivia, el número de personas subalimentadas bajó de 2,6 millones a 2,4 millones. Otros países como México, El Salvador y Colombia también han tenido reducciones en sus cifras de hambre.

Juan Carlos Mendoza, director de Medio Ambiente, Clima, Género e Inclusión Social del FIDA, destacó la necesidad de abordar la creciente tasa de obesidad, que ha aumentado del 22,5 % en 2012 al 31,5 % en 2024. Este fenómeno plantea una contradicción alarmante: muchas personas sufren de hambre al mismo tiempo que son obesas, lo que genera un impacto social y económico significativo.

Otro problema crítico es la anemia en mujeres, que ha alcanzado un 19,9 % en 2023. Esto se debe, en parte, a dietas ricas en calorías pero pobres en nutrientes esenciales como el hierro.

Adicionalmente, América Latina presenta los precios más altos del mundo para una dieta saludable, con un costo promedio de 4,91 dólares. Esta situación se ve agravada por la ineficiencia en la cadena de suministro de frutas y verduras, que requiere mejores infraestructuras de refrigeración.

Para enfrentar estos retos, Mendoza sugiere que la región podría diversificar su producción agrícola y fomentar la agroecología, lo que no solo beneficiaría al medio ambiente, sino que también reduciría la dependencia de combustibles fósiles en un contexto de mercados inestables.