Bolivia se abre a la inversión: ¿estás listo para el cambio?
El país busca atraer capital nacional y extranjero para transformar su desarrollo, pero necesita crear un ambiente de confianza y estabilidad.
Bolivia enfrenta un desafío significativo si desea dejar atrás la dependencia de recursos naturales y diversificar su modelo de desarrollo. Para lograrlo, es crucial conseguir inversión nacional y extranjera directa (IED) que impulse la productividad, la innovación y el capital humano.
Para atraer a los inversionistas, no basta con tener una ley que promueva la inversión, ya que el capital busca un entorno de confianza y seguridad. Esto incluye garantizar la estabilidad jurídica, el acceso a divisas, una infraestructura energética confiable y un sistema institucional que resuelva conflictos sin generar enfrentamientos sociales.
Es vital entender que un buen marco legal no es suficiente. Los empresarios se hacen preguntas concretas sobre la viabilidad de operar en el país, tales como la posibilidad de producir, importar insumos o encontrar mano de obra calificada.
Tres desafíos clave para la inversión en Bolivia.
- Trato igualitario para la inversión: La Constitución otorga al Estado un rol preeminente y hay que determinar hasta dónde se puede garantizar igualdad entre la inversión estatal, nacional y extranjera.
- Sistema de arbitraje: Aclarar dónde se resolverán las disputas entre el inversionista y el Estado, ya que la confianza en la justicia boliviana es limitada.
- Dependencia de reglamentación: Una ley que no defina claramente todos los aspectos deja a los inversionistas en un estado de incertidumbre respecto a futuros decretos.
La realidad es que Bolivia no solo compite contra sí misma, sino también contra otros países que ofrecen condiciones más atractivas para la inversión. La confianza no se decreta, se construye a través de un pacto nacional que incluya al gobierno, la sociedad civil y el sector privado.
Para que Bolivia evolucione de un entorno hostil a uno acogedor para la inversión, es esencial lograr un consenso sobre reglas claras y estables. Necesitamos un pacto que no solo contemple una nueva Ley de Inversiones, sino que también englobe un compromiso más amplio por el desarrollo y la producción en el país.