El FMI inyecta recursos a Bolivia, pero se avecina un ajuste complicado
El acuerdo con el Fondo Monetario Internacional implica la eliminación de subsidios a los combustibles a partir de 2027, en un contexto de recesión económica que podría afectar a los más vulnerables.
Bolivia se ha comprometido con el Fondo Monetario Internacional (FMI) a eliminar gradualmente la subvención a los combustibles a partir de enero de 2027. Esta decisión es parte de un programa que podría aportar hasta 1.900 millones de dólares, lo que podría ayudar a estabilizar las reservas y mejorar la confianza en la economía del país.
A pesar del alivio que traerá el acuerdo, también se anticipa un periodo difícil. El ajuste en los precios de los combustibles comenzará en un momento en que la economía aún se encuentra en recesión, con una recuperación proyectada para 2028.
El Memorando de Políticas Económicas y Financieras estipula que el presupuesto del Estado para 2027 no podrá destinar recursos para subsidiar los combustibles. Los precios permanecerán estables hasta diciembre de este año, pero luego deberán ajustarse según una fórmula que incluya el tipo de cambio y los costos de importación.
Aunque no se sabe con certeza cuánto costará el litro de gasolina o diésel a partir de enero, queda claro que los precios deberán ajustarse a un nivel que permita cubrir los costos reales, lo que podría impactar en el transporte y la producción.
Marcelo Trigo, ex presidente de la Asociación de Bancos Privados de Bolivia (Asoban), señala que la eliminación de subsidios podría generar tensiones sociales y retrasar la reducción de la inflación. Además, destaca la necesidad de implementar ayudas directas para los hogares más vulnerables.
El financiamiento del FMI y su desembolso dependerán de la aprobación del Directorio Ejecutivo y la Asamblea Legislativa, y no será un cheque en blanco, sino que se evaluará cada tres meses el cumplimiento de los objetivos del programa.
Trigo enfatiza que la principal finalidad de este acuerdo no es solo proveer recursos, sino recuperar la confianza de otros acreedores y facilitar el acceso a nuevos créditos. A su juicio, es fundamental que los fondos se utilicen para estabilizar la economía.
La situación económica de Bolivia es crítica, con una caída de ingresos por la disminución de la producción de gas y un déficit fiscal que llegó al 11% del PIB en 2025. Para hacer frente a esto, el Gobierno deberá implementar un ajuste significativo que incluya la eliminación de subsidios y la limitación en nuevas contrataciones.
El desafío que enfrenta el Gobierno es lograr un equilibrio entre la estabilidad económica y el bienestar social, dado que las medidas necesarias para controlar la inflación y estabilizar el tipo de cambio podrían afectar a los sectores más vulnerables.
En resumen, aunque el apoyo del FMI puede ofrecer un respiro a Bolivia, el camino hacia la recuperación será complejo y requerirá de decisiones difíciles que afectarán a la población.