El té boliviano conquista mercados internacionales con calidad y origen
En las montañas de Caranavi, a 1.500 metros de altitud, el cuidado y la dedicación en la cosecha manual de cada brote de té están cambiando la historia del producto en el ámbito global. La planta Camellia sinensis, que se adapta perfectamente a estas condiciones ambientales, está comenzando a destacar en los mercados premium gracias a la combinación de técnicas científicas y producción artesanal.
Recientemente, David Quispe Flores, de Té de Montaña, se llevó la medalla de oro en la categoría de té verde en la V Competencia de Té Artesanal de Sudamérica, celebrada en Argentina. Además, José Nelson López de Té Brotes Infusiones de Mi Tierra recibió una mención Gourmet por su té rojo, mientras que Grissel Vergara Flores conquistó el tercer puesto en el Duelo de Catadores de Té. Estos logros no solo son un indicativo del talento boliviano, sino que también reflejan el crecimiento significativo del té en la región.
La viceministra de Gastronomía, Sumaya Prado, subrayó la importancia de estos premios, señalando que representan un reconocimiento para todo el país y abren puertas para que la producción nacional gane visibilidad en el ámbito internacional. "Estos logros fortalecen nuestro patrimonio alimentario", afirmó.
La trayectoria de Quispe, por ejemplo, es el resultado de más de 40 años de esfuerzo familiar. Sus padres iniciaron el cultivo de té en la década de 1980, apoyados por la cooperación china. Años más tarde, él y su hermano Godo se unieron para crear un emprendimiento enfocado en la producción de té en hebras, lo que añade valor a su oferta. En 2019, lanzaron su proyecto comercial, que hoy se especializa en té verde y negro, buscando satisfacer a consumidores que valoran la calidad y el proceso artesanal.
Por otro lado, en el Chapare, José Nelson López continúa la tradición familiar de cultivar té con un enfoque en la sostenibilidad y el mercado especializado. Su empresa, Té Brotes Infusiones de Mi Tierra, ha surgido tras años de experiencia colectiva y también se enfoca en la producción de té verde, negro y blanco, apuntando a conquistar selectos nichos de mercado.
Históricamente, Bolivia ha sido conocida por su café de altura, cacao y quinua, pero el té ha estado en un segundo plano. Sin embargo, las mismas condiciones que benefician otros cultivos también han favorecido el crecimiento de la Camellia sinensis en los Yungas y en áreas tropicales de Cochabamba. La bioquímica Guivanna Basilia Tapia Camacho, de la UMSA, explica que el clima cálido, las abundantes lluvias y los suelos ácidos de Caranavi propician tanto el crecimiento de la planta como de los compuestos que dan aroma y sabor al té.
La calidad del té no solo depende del entorno, sino también de cómo se procesa tras la cosecha. La diferencia entre los tipos de té (verde, negro, blanco, rojo) radica en el manejo de las hojas, desde el marchitado hasta el secado. Esta fusión entre condiciones naturales y técnicas de producción está abriendo camino al té boliviano en un mercado donde los consumidores buscan experiencias únicas, trazabilidad y sostenibilidad.
A medida que Bolivia enfrenta el desafío de consolidar su presencia en el mercado internacional, será crucial mantener altos estándares de calidad y promover la capacitación de los productores. Los premios obtenidos son solo el inicio; el verdadero reto será convertir el reconocimiento en oportunidades comerciales que beneficien a las familias productoras del país. En un mundo donde la trazabilidad se ha vuelto primordial, el consumidor desea conocer la historia detrás de cada bebida. Así, cada sorbo de té no solo representa un momento de pausa, sino también el esfuerzo y la dedicación de generaciones.