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Cultura

Historia de las relaciones entre Bolivia y el Vaticano

Desde 1925, Bolivia y el Vaticano han vivido momentos clave que han definido su vínculo, marcado por hitos históricos y desafíos sociales.

Valeria Padilla · 13 Sep 2026 · 3 min de lectura

El año 1925 fue crucial en la historia de Bolivia, ya que se establecieron las bases para el vínculo entre la Iglesia y el Estado. La llegada del nuncio Gaetano Cicognani fue un hito coincidente con el Primer Centenario de la República, enfocándose en solidificar las relaciones y reorganizar el mapa eclesiástico nacional.

La coronación de la Virgen de Copacabana como Patrona de Bolivia, el 1 de agosto, representó un símbolo de paz tras años de tensiones entre la Iglesia y el Estado. La imagen del presidente Saavedra y el Nuncio Cicognani arrodillados ante la Virgen simbolizaba una reconciliación nacional.

En 1932, el nuncio Luigi Centoz llegó a Bolivia durante la Guerra del Chaco. Tanto él como su contraparte en Paraguay, monseñor Filippo Cortesi, son recordados por sus gestos humanitarios, especialmente en el intercambio de prisioneros y la protección de las misiones indígenas en medio del conflicto.

Sobre la supuesta ayuda del Vaticano al traslado de jerarcas nazis a Sudamérica, se debe resaltar que el nuncio Giuseppe Burzio, quien ocupó el cargo entre 1946 y 1950, era conocido por su postura antinazi, lo que hace poco probable su participación en tales actividades.

Durante la Revolución Nacional (1952-1964), se firmó un acuerdo bilateral que aún está vigente: el Convenio sobre Misiones de 1957. Este acuerdo fue ratificado por la Constitución de 1961 y el Decreto Ley 6980 de 1964, que disolvió el régimen de Patronato.

El Concilio Vaticano II marcó un cambio significativo en la Iglesia, que asumió un papel más activo en lo social y político. En Bolivia, esto se reflejó en la reevangelización de los campesinos y la implicación en movimientos sociales y educativas, promoviendo la teología de la liberación.

La figura del nuncio Alfio Rapisarda también es recordada por su valentía en proteger a la presidenta Lidia Gueiler tras el golpe de Estado de 1980, destacando el papel de la Iglesia en momentos de crisis política.

A cien años de las tensiones iniciales, las relaciones entre la Iglesia y el Estado enfrentaron nuevos desafíos durante el gobierno del Movimiento Al Socialismo, especialmente con la nueva Constitución de 2009 y la hostilidad hacia las obras eclesiásticas. Sin embargo, la idea de "instituciones distintas, pero no separadas" ha resultado en un equilibrio beneficioso para ambas partes.

Las visitas de los papas Juan Pablo II en 1988 y Francisco en 2015 han fortalecido el vínculo, aunque aún falta un Acuerdo Marco formal. La conmemoración del sesquicentenario de las relaciones diplomáticas podría ser una oportunidad para formalizar este acuerdo pendiente.