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Política

Prórroga del estado de excepción en Bolivia: ¿protección o restricción?

El estado de excepción se extiende por 90 días en medio de tensiones sociales tras el fin de la subvención al diésel, generando un debate sobre el equilibrio entre el orden público y los derechos ciudadanos.

Ingrid Miranda · 28 Sep 2026 · 3 min de lectura

La reciente ampliación del estado de excepción en Bolivia, aprobada por la Asamblea Legislativa Plurinacional (ALP) el 17 de septiembre, ha generado un intenso debate. Esta prórroga, que se extenderá hasta el 16 de diciembre, ocurre en un contexto de creciente protesta social debido a la eliminación de la subvención al diésel, anunciada un día antes por el presidente Rodrigo Paz.

El Gobierno justifica esta medida señalando que aún persisten riesgos de conflicto social, respaldada por informes de las fuerzas de seguridad que advierten sobre posibles bloqueos y movilizaciones que podrían afectar aspectos críticos como el suministro de combustible y alimentos.

En la sesión legislativa, la aprobación de la extensión fue el resultado de más de ocho horas de discusión, con 100 votos a favor y 58 en contra. Algunos legisladores cuestionaron la decisión del Ejecutivo, dado el contexto de alerta por la posibilidad de 12.000 movilizaciones en el país.

Un dilema entre orden y derechos

El debate no se limita a si hay un riesgo real de conflictos, sino que también plantea interrogantes sobre el alcance de la autoridad del Estado y la duración de las restricciones a los derechos fundamentales. Según el abogado constitucionalista Ramiro Orías, el estado de excepción debe ser un recurso excepcional que respete la democracia y no se convierta en una norma habitual.

Por su parte, el diputado Ricardo Rada defiende la prórroga como una medida necesaria para evitar la rearticulación de las protestas, argumentando que el Gobierno debe tener herramientas para gestionar las tensiones sociales actuales.

La Conferencia Episcopal de Bolivia ha señalado que cualquier medida de este tipo debe priorizar la protección de los derechos de las personas, advirtiendo que las restricciones no deben ser permanentes y deben levantarse tan pronto como ya no sean necesarias. Este enfoque destaca la importancia de que el diálogo y la política sean el camino a seguir, en lugar de la represión.

Con la eliminación de la subvención al diésel, el costo del transporte ha aumentado, lo que podría generar un nuevo ciclo de protestas. La Confederación Sindical de Choferes ha anunciado un paro nacional en rechazo a esta medida, lo que sugiere que las tensiones sociales podrían intensificarse en los próximos días.

Finalmente, el reto del Gobierno radica en encontrar un equilibrio entre mantener el orden público y garantizar los derechos de los ciudadanos, sin dejar que las restricciones se conviertan en un fin en sí mismas.